Saturday, April 10, 2010

Un orgasmo en tiempos de escasas estimulaciones



Empecemos diciendo que quien protagoniza esta historia es una mujer que trabaja en las oficinas de una cadena de supermercados. Posee algún cargo que requiere el uso de uno de esos dispositivos electrónicos que registran y procesan datos y compromisos con gran rapidez y exactitud, y que además de ser un recurso valioso para la filial de una multinacional, tiene también el cargo de llevar la vida de una mujer soltera.

Vuelvo y digo, no todo para ella es el trabajo. Durante el día la mujer disfruta ir al gimnasio y hacer compras con descuentos por internet; de noche visita bares y restaurantes.

Jueves por la noche. La mujer se dirige a un encuentro social.

Tuvo una tarde difícil. A nuestra mujer le tocó confeccionar unos slides en power point para presentarlo el día siguiente al comité directivo de la compañía. Se trataba de unos slides rellenos de argumentos numéricos que la ayudarían a justificar un presupuesto de varios miles de dólares, con la promesa de retornarle a la empresa un porcentaje razonable, sin entrar en muchos detalles. Lo hizo. Pero la pobre mujer está muy agotada. Necesita botar el golpe; así que luego de revisar por enésima vez el documento, le marca a una amiga para preguntarle si tiene ánimos de salir a dar una vuelta:
- "Amiga, Vamos para Hard Rock Cafe".
- Aprobado amiga!


Bien. Son las seis y la mujer ya salió de la oficina. Se encuentra haciendo diligencias dentro del perimetro de 10 km de distancia en la que normalmente cada persona desarrolla la mayoría de sus actividades. Pasó primero por Multicentro a comprar comida saludable, y aprovechó y cruzó por Press To para recoger una ropa que había dejado para lavado en seco.


Adelantemos un poco la historia. La mujer ha llegado a su apartamento. El silencio que había entre aquellas paredes fue roto por el ladrido de un Yorkshire con nombre de artista. La mujer saluda al perro y pone cada cosa en su lugar, como de costumbre. Llama por teléfono y envía mientras arregla las uñas.

Luego de alistarse sale y conduce hasta llegar a un parqueador borracho en la calle Isabel La Católica. Hace la seña de siempre y camina acompañada del viento de la olvidada zona colonial hasta llegar a uno de los establecimientos de la cadena mundial de restaurantes Hard Rock Cafe.


Casi me olvidaba decirles que la salida de nuestra mujer sin nombre tiene un concepto adornado de cumpleaños. Se trata del aniversario del Sr. Perez, quien además de tener apellido y estar de cumpleaños en esta historia, tiene la responsabilidad de supervisar las operaciones de un departamento aburrido en la misma empresa donde trabaja la mujer. El Sr. Perez es un tipo trabajador que a pesar de estar cumpliendo los 43 sigue dotado de un nombre que mantiene la capacidad de convocatoria, como diría Alberto Fuguet.


La mujer ya está dentro del restaurante y busca su gente, su cumpleaños, su entretenimiento. La música que ahora suena es en vivo y está a cargo de la cover band conformada por los cuates que tocan todos los jueves desde HRC Punta Cana hasta el HRC Santo Domingo, sin escalas. Un juego de luces montado sobre el escenario sorprende a la oscuridad que se guarda entre las mesas y las sillas del restaurante.

El volumen de la música Rock que se toca esta noche en el restaurante le entorpece los sentidos a una mujer que empieza buscar cómo perderse, para entonces encontrarse. La música se pone más intensa. Los cuates tocan ahora con más fuerza. La mujer llega hasta el fondo del restaurante, justo al final de la barra, para ser más precisos. La mujer recibe un minimensaje que le envía su amiga: "estamos arriba en el lounge".



Entonces para la mujer lo demás fue aquello que le trajo la noche y todo lo otro que se pudo haber añadido.

Después de la segunda copa, y como por obra de alguna fuerza sobrenatural, la mujer se levanta de los sillones del lounge, y se acerca a la ventana con vista hacia el Parque Colón. Entonces fue justamente en aquel momento, que tocando el cristal frio del bar, y perdiendo la mirada entre las luces amarillas del parque, cuando sintió por primera vez en aquella semana que su vida tenía verdadero sentido. Y aquel sentimiento profundo y reflexivo, de satisfacción incalcubale, fue para la mujer lo mejor del día: Un orgasmo en tiempos de escasas estimulaciones.
 
 
 
 
 

4 comments:

Ariell said...

Se parece a mi pero con minis.....que triste.

Manzana said...
This comment has been removed by the author.
Brenda said...

Genial! Me encata como narras hitorias!
Besos
Elisita

Brenda said...

Genial! Me encata como narras hitorias!
Besos
Elisita